miércoles, 24 de diciembre de 2014

TRINCHERAS EN NAVIDAD

Durante la travesía al frente, a lo que la vista nos dejaba, solo se podía observar un manto blanco, el frío incesante calaba las ropas mojadas de las lluvias del día. Habíamos llegado a aquel inhóspito lugar que no acertábamos a reconocer, solo sabíamos por nuestros mandos superiores, que era de vital importancia no perder aquella posición.

La noche empezaba a caer en aquel lugar, cansado de cavar, las manos pedían un descanso, en los pies húmedos hacían mella las ampollas, solo pude recogerme en una esquina de aquella trinchera y disfrutar de la poca ración que nos pertenecía. Pude observar las caras de cansancio de los camaradas que llevaban allí meses pasando las penurias de la guerra y desesperaban por entrar en calor.

No llegamos a calentar el lugar, como se suele decir, cuando un estruendo nos alertó, los obuses surcaban otra vez los cielos, las balas silbaban por encima de nuestras cabezas y la aviación dejaba caer sus bombas sobre nuestras posiciones, como si de lluvia se tratase. Los cuerpos de algunos que osaron asomar la cabeza por encima de los sacos terreros, se retorcían entre el barro y la nieve sin que pudiéramos hacer nada por ellos.

Solo habían pasado algunas horas desde el último ataque, el zumbido en mi cabeza no me dejaba conciliar el sueño. Cuando parecía que podría llegar a dar una cabezada, me llegó el turno de guardia. Llegué en pocos segundos al puesto, donde coloqué mi fusil en aquel pequeño agujero, por donde tenía que observar como el enemigo preparaba el próximo de sus ataques.

Desde mi puesto se podían observar algunos destellos de luces y movimientos en las trincheras enemigas, solo estábamos a unos pocos metros, casi podíamos escuchar como hablaban. Pero cuando el silencio de la noche se echaba, solo se escuchaban los lamentos de aquellos moribundos que habían combatido hacía horas en el campo de batalla.

Amanecía en aquella pradera donde habíamos llegado la noche anterior, hasta ese momento no habíamos podido ver más allá de lo que la noche nos dejaba ver. Poco a poco cuando la luz del día nos enseño algo más, era todavía peor, alambradas, defensas, minas y un gran llano en los que no había donde cobijarse. Cantidad de cuerpos yacían en la nieve teñida de rojo, algunos arrastrándose llegaban a dar su último aliento al caer en la trinchera, pero el enemigo no daría tregua y en pocas horas volverían a sonar las bombas, balas y los lamentos.

Aquella mañana como todas, se esperaban los primeros bombardeos al amanecer, pasaban las horas y el silencio reinaba en la pradera. Los combatientes estaban preparados para lo que pudiera venir, nadie abandonaba su sitio. Al cabo de las horas, desde las posiciones adelantadas de observación llegaría una noticia que cambiaria aquel día para la historia bélica. Los soldados habían escuchado villancicos que provenían de las trincheras enemigas, era poco creíble las informaciones que llegaban desde el otro lado, y los mandos al cargo del frente no quisieron hacer caso, pensaban que el enemigo les estaba engañando para después atacar. Se mantuvieron las posiciones reforzando las trincheras para repeler un ataque inminente.

Los cánticos cada vez se escuchaban más fuerte, habían cruzado la pradera y llegaban a nuestros oídos. Nuestras tropas no daban crédito a lo que se escuchaba, el espíritu les hizo dejarse llevar y empezaron a tararear canticos cada vez más fuerte. En pocos minutos ya se podía escuchar los villancicos en las dos trincheras, se había cambiado una mañana de estruendos, silbidos y lamentos, por algo que todos los hombres que estaban el aquel campo de batalla echaban de menos.

Pude ver como el enemigo, con valentía, salía de sus trincheras anunciando bandera blanca, eso significaba una tregua. No pude quitar mis ojos de aquel primero, bandera en mano, cantaba como de una fiesta se tratase. Mi arma seguía apuntándole como si de enemigo se tratara, y así había sido durante meses, tardé varios segundos en darme cuenta que lo que estaba ocurriendo.

Poco a poco los soldados salieron de las trinchera para unirse donde antes se habían intentado matar unos a otros en “tierra de nadie”. Pudimos ver como las trincheras estaban adornadas con motivos navideños y los soldados cantaban, bebían y reían como hermanos, ambos lados continuaron el intercambio gritando saludos de Navidad los unos a los otros y donde pequeños regalos fueron intercambiados: whisky, cigarrillos, etc.

La artillería en esa región permaneció silenciosa durante el día y noche. La tregua también permitió que los caídos recientes fueran recuperados desde detrás de las líneas y enterrados. Se condujeron ceremonias de entierro con soldados de ambos lados del conflicto llorando las pérdidas juntas y ofreciéndose su respeto.

Historia

Este relato ocurrió históricamente, se conoce como “Tregua de Navidad” a un breve alto el fuego no oficial que ocurrió entre el Imperio alemán y las tropas británicas en el frente occidental de la Primera Guerra Mundial durante la Navidad de 1914.

En los años siguientes se ordenaron bombardeos de artillería en la víspera de la festividad para asegurarse de que no hubiera más reblandecimientos en medio del combate. A pesar de esas medidas hubo encuentros amigables entre soldados, pero en una escala mucho menor que la de los encuentros del año anterior.

0 comentarios :

Publicar un comentario