Durante la travesía al frente, a lo que la vista nos dejaba, solo se podía observar un manto blanco, el frío incesante calaba las ropas mojadas de las lluvias del día. Habíamos llegado a aquel inhóspito lugar que no acertábamos a reconocer, solo sabíamos por nuestros mandos superiores, que era de vital importancia no perder aquella posición.
La noche empezaba a caer en aquel lugar, cansado de cavar, las manos pedían un descanso, en los pies húmedos hacían mella las ampollas, solo pude recogerme en una esquina de aquella trinchera y disfrutar de la poca ración que nos pertenecía. Pude observar las caras de cansancio de los camaradas que llevaban allí meses pasando las penurias de la guerra y desesperaban por entrar en calor.
No llegamos a calentar el lugar, como se suele decir, cuando un estruendo nos alertó, los obuses surcaban otra vez los cielos, las balas silbaban por encima de nuestras cabezas y la aviación dejaba caer sus bombas sobre nuestras posiciones, como si de lluvia se tratase. Los cuerpos de algunos que osaron asomar la cabeza por encima de los sacos terreros, se retorcían entre el barro y la nieve sin que pudiéramos hacer nada por ellos.
Solo habían pasado algunas horas desde el último ataque, el zumbido en mi cabeza no me dejaba conciliar el sueño. Cuando parecía que podría llegar a dar una cabezada, me llegó el turno de guardia. Llegué en pocos segundos al puesto, donde coloqué mi fusil en aquel pequeño agujero, por donde tenía que observar como el enemigo preparaba el próximo de sus ataques.
Desde mi puesto se podían observar algunos destellos de luces y movimientos en las trincheras enemigas, solo estábamos a unos pocos metros, casi podíamos escuchar como hablaban. Pero cuando el silencio de la noche se echaba, solo se escuchaban los lamentos de aquellos moribundos que habían combatido hacía horas en el campo de batalla.
Amanecía en aquella pradera donde habíamos llegado la noche anterior, hasta ese momento no habíamos podido ver más allá de lo que la noche nos dejaba ver. Poco a poco cuando la luz del día nos enseño algo más, era todavía peor, alambradas, defensas, minas y un gran llano en los que no había donde cobijarse. Cantidad de cuerpos yacían en la nieve teñida de rojo, algunos arrastrándose llegaban a dar su último aliento al caer en la trinchera, pero el enemigo no daría tregua y en pocas horas volverían a sonar las bombas, balas y los lamentos.
Aquella mañana como todas, se esperaban los primeros bombardeos al amanecer, pasaban las horas y el silencio reinaba en la pradera. Los combatientes estaban preparados para lo que pudiera venir, nadie abandonaba su sitio. Al cabo de las horas, desde las posiciones adelantadas de observación llegaría una noticia que cambiaria aquel día para la historia bélica. Los soldados habían escuchado villancicos que provenían de las trincheras enemigas, era poco creíble las informaciones que llegaban desde el otro lado, y los mandos al cargo del frente no quisieron hacer caso, pensaban que el enemigo les estaba engañando para después atacar. Se mantuvieron las posiciones reforzando las trincheras para repeler un ataque inminente.
Los cánticos cada vez se escuchaban más fuerte, habían cruzado la pradera y llegaban a nuestros oídos. Nuestras tropas no daban crédito a lo que se escuchaba, el espíritu les hizo dejarse llevar y empezaron a tararear canticos cada vez más fuerte. En pocos minutos ya se podía escuchar los villancicos en las dos trincheras, se había cambiado una mañana de estruendos, silbidos y lamentos, por algo que todos los hombres que estaban el aquel campo de batalla echaban de menos.
Pude ver como el enemigo, con valentía, salía de sus trincheras anunciando bandera blanca, eso significaba una tregua. No pude quitar mis ojos de aquel primero, bandera en mano, cantaba como de una fiesta se tratase. Mi arma seguía apuntándole como si de enemigo se tratara, y así había sido durante meses, tardé varios segundos en darme cuenta que lo que estaba ocurriendo.
Poco a poco los soldados salieron de las trinchera para unirse donde antes se habían intentado matar unos a otros en “tierra de nadie”. Pudimos ver como las trincheras estaban adornadas con motivos navideños y los soldados cantaban, bebían y reían como hermanos, ambos lados continuaron el intercambio gritando saludos de Navidad los unos a los otros y donde pequeños regalos fueron intercambiados: whisky, cigarrillos, etc.
La artillería en esa región permaneció silenciosa durante el día y noche. La tregua también permitió que los caídos recientes fueran recuperados desde detrás de las líneas y enterrados. Se condujeron ceremonias de entierro con soldados de ambos lados del conflicto llorando las pérdidas juntas y ofreciéndose su respeto.
Historia
Este relato ocurrió históricamente, se conoce como “Tregua de Navidad” a un breve alto el fuego no oficial que ocurrió entre el Imperio alemán y las tropas británicas en el frente occidental de la Primera Guerra Mundial durante la Navidad de 1914.
En los años siguientes se ordenaron bombardeos de artillería en la víspera de la festividad para asegurarse de que no hubiera más reblandecimientos en medio del combate. A pesar de esas medidas hubo encuentros amigables entre soldados, pero en una escala mucho menor que la de los encuentros del año anterior.
miércoles, 24 de diciembre de 2014
domingo, 14 de diciembre de 2014
LA REINA DEL CARIBE
Introducción.Cuenta la historia, en los años dorados del comercio con el continente americano había una plaza, en posesión del reinado español, la cual envidiaban todas las demás potencias comerciales. La lucha por controlar este gran enclave estratégico marítimo causó grandes batallas durante años.
Asedio de Vernon
Hacia la mitad del siglo XVIII, la flota española controlaba gran parte del comercio de la américas con el viejo continente. Las plazas españolas en América estaban bien situadas estratégicamente y fuertemente fortificadas, pero los problemas a escala europea de España, le habían llevado cada vez más a una situación de quiebra. El país llevaba envuelto en un estancamiento económico desde mediados del siglo pasado, y los cambios monárquicos de Felipe III, Felipe IV y Carlos II, no habían solucionado los problemas hasta que, en 1713 llegara Felipe V, con sus fuertes reformas en todos los estamentos burocráticos del país. Las demás potencias europeas como Francia e Inglaterra entre otras, ya se habían embarcado, en el anterior siglo, en tremendas reformas de gobiernos y reinados.
Los británicos no aceptaban las condiciones de desventaja en el comercio americano y pretendían conseguir plaza en el continente, solo disponían de varias islas frente al Golfo de México, como Jamaica y lo habían intentado en guerras anteriores pero sin éxito.
Por otro lado la piratería, muy común en esta época, afectaba a ambas potencias con ventaja para la española. La guardia costera española estaba siempre alerta ante los saqueos marítimos y se apresaban buques de contrabando con bastante frecuencia.
Así ocurrió en el año 1738, frente a las costas de Florida fue apresado el navío "Rebecca", buque del capitán Robert Jenkins, contrabandista británico, por el guardacostas español "La Isabela" al mando del capitán Julio León. Este no tuvo otra idea, poco castigo fue para la época, que cortarle la oreja al tiempo que pronunciaba una frase que provocaría muchas consecuencias: "Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve".
Un año después de lo sucedido en Florida, Robert Jenkins se presentó ante la Cámara de los Lores con la oreja en la mano para denunciar los hechos, a los cuales la Cámara respondió que eran una ofensa para el Rey Jorge II. En realidad era la excusa que estaban buscando para arrebatar el control marítimo y las plazas de tierra que controlaban los españoles, con lo que declararon la guerra a España que fue conocida como la "Guerra del Asiento" o "Guerra de la Oreja de Jenkins".
Las hostilidades se iniciarían en noviembre de 1739, la flota de buques británicos dirigida por Almirante Sir Edward Vernon, atacó Portobello (Panamá) con un éxito rotundo, por las pocas defensas con las que contaban los españoles. En la costa del Pacífico, como maniobra de distracción, el Comodoro Anson acosaba las colonias del Pacífico Sur, pero su misión real era apoyar a Vernon en el ataque final al Istmo de Panamá contando los suministros entre Nueva España (México) y el Virreinato de Nueva Granada (Colombia), con la consecuencia de que el comercio español de las Indias, que a partir de este momento, pasaría por la ruta africana del Cabo de Hornos.
Después del éxito de Portobello, Vernon, con la ayuda de los algunos parlamentarios y la opinión pública de su lado, consiguió reunir una armada formidable en Port Royal (Jamaica) compuesta por 186 buques, con 27.600 hombres, 2.000 cañones, que quizás no se vería otra igual hasta 400 años después en Normandía.
La armada británica llego a Cartagena de Indias, ciudad del Caribe más importante del comercio español, en Marzo de 1741, fondeo frente a su costa desplegando todo su poderío bélico. En cambio, la plaza española, que estaba gobernada por el Virrey Sebastián de Eslava y militarmente al cargo del Teniente General de Marina D. Blas de Lezo, con gran experiencia marítima en sus innumerables batallas ya había demostrado su condición de gran estratega, pero solo contaba con 3.600 hombres y una flota de 6 buques.
Vernon mandó cañonear las posiciones de defensa de las fortalezas, para poder desembarcar las tropas terrestres y por otro lado buscó entrar en la bahía que daba acceso a la plaza. Los buques españoles formaron en las dos entradas a la bahía y repelieron cuanto pudieron las andanadas de los británicos.
Los españoles se empezaron a retirar hacia la fortaleza al ver que no podían hacer frente a los continuos bombardeos de los barcos de Vernon. Este entró triunfante en la bahía de Cartagena habiendo destruido gran parte de las defensas y tomando como cuartel general la fortaleza de "Boca Grande". Creyéndose con la victoria en la mano, Vernon despachó una carta a Inglaterra alardeando de la gran victoria.
En San Felipe, la fortaleza más grande de la plaza de Cartagena de Indias, solo quedaban 600 hombres al mando de Blas de Lezo, no paraban de ser cañoneados por tierra y mar por los británicos. Vernon intentaba ablandar las defensas frontales y atacar por la retaguardia por sorpresa, pero para ello tuvo que mandar a sus tropas terrestres a la selva, donde se diezmaron a causa de la malaria. Llegaron hasta la misma muralla de la fortaleza y las tropas españolas que allí lo esperaban dieron buena cuenta de los 1.500 soldados que lo intentaron.
La moral de los atacantes estaba por los suelos, después de que las tropas españolas repelían los ataques desde la fortaleza. Vernon no podía rendirse, después de haber notificado su victoria, reunió a sus generales y los mando atacar la fortaleza durante la noche, intentando superar la muralla con escalas, forzando un cuerpo a cuerpo. En la noche del 19 de Abril, las tropas de Vernon, atacaron al descubierto sobre una explanada las murallas de San Felipe, pero Blas de Lezo que había intuido las represalias mando profundizar el foso para que las escalas no llegaran, esto supuso la derrota de las tropas inglesas al descubierto y sin poder alcanzar el objetivo.
En la mañana del 20 de abril de 1739, la explanada era un campo de cadáveres, heridos y mutilados. Blas de Lezo mandó calar bayoneta y cargar contra las pocas unidades británicas, que no tuvieron más remedio que retirarse dejando gran cantidad de material. Este hecho, al almirante inglés, le terminó por desesperar y estuvo siete días y siete noches bombardeando la plaza, pero el 27 de abril viendo que no llegaría a ningún sitio, ordenó el cese del bombardeo por tierra y mar, procediendo al canje de prisioneros.
Asedio de Morillo
Años después, tantos como 77, en 1815, España tuvo que enfrentarse a lo que Vernon había intentado realizar sin obtener recompensa. La plaza de Cartagena de Indias se había convertido durante años en un refugio de combatientes de diferentes nacionalidades, algunos de los cuales estaban en rebelión contra el Virreinato de Nueva Granada. Entre otros muchos, destaca el coronel de la plaza D. Manuel del Castillo y Rada, al cual se le atribuye la rebelión.
En estos años el panorama había cambiado bastante, ya que la Guerra de la Independencia contra los franceses de Napoleón había terminado con la declaración de conservar la monarquía española. Pero durante estos años de guerra, España había perdido muchas de sus posiciones en el continente americano por los movimientos independentistas, ya que no podía defenderlas teniendo una guerra en su propio territorio. Cuando Felipe VII llegó al poder, mandó restaurar las plazas de la colonia española en las américas, Pablo Morillo, Teniente General que había contribuido a la victoria de la Guerra de la Independencia, le fue encomendada esta misión.
Morillo no había conocido a Blas de Lezo, pero si sus estrategias de combates y grandes hazañas durante su vida. Zarpó desde Cádiz el 16 de febrero 1815, rumbo las provincias de Nueva Granada, las cuales se encontraban enfrascadas en guerras civiles. Después de repeler algunas de estas y reforzar su ejército, en las diferentes plazas por donde pasaba, llegó a Cartagena de Indias puerta del Virreinato.
Para no caer en el error que años atrás había cometido Vernon, Morillo desembarcó en los alrededores de la plaza, sin que pudieran alcanzarles los proyectiles de las defensas. Cortó el suministro de recursos y ordenó al capitán de la flota naval, Pascual Enrile, el bloqueo marítimo.
En poco tiempo, las tropas españolas, habían sitiado Cartagena y avanzaban recuperando posiciones estratégicas hasta las murallas de la plaza. Dentro de las murallas, a los independentistas, les empezaron a escasear los suministros, las malas condiciones de salubridad mermaron las tropas, que terminaron con todo lo comestible, llegando incluso al canibalismo.
El 5 de diciembre, las tropas españolas ya estaban a las puertas de la plaza y los independentistas no aguantaban más la situación, llevaban 102 días de duro sitio y decidieron abandonar la plaza embarcando en la noche para eludir el bloqueo, no fueron muchos los que sobrevivieron. Este gesto permitió a Morillo entrar en la plaza sin perder muchas unidades para después adentrarse en el Virreinato de Nueva Granada manteniendo las plazas bajo control español hasta 1821.
El comandante Manuel del Castillo fue juzgado por un consejo de guerra y fusilado el 24 de febrero de 1816 en Cartagena de Indias, que quedó arruinada tras el asedio y perdió su papel protagonista dejando de llamarse la "Reina del Caribe".
Conclusiones
Seguro que podéis sacar muchas conclusiones. Los asedios a las ciudades han existido en todas las épocas de la historia bélica, es una forma estratégica de desgaste de tropas y muy efectiva contra fortificaciones. No se ha dejado de usar actualmente, con otros medios y armas más sofisticadas, en realidad los bloqueos económicos a las naciones en cierto modo son parecidos.
En esta ocasión hemos visto como la astucia de los grandes estrategas puede llevar a sus tropas a la victoria y que se puede aprender de los errores de los contrincantes, ya que como hemos dicho, "La historia se repite y debemos aprender de ella".
Morillo no había conocido a Blas de Lezo, pero si sus estrategias de combates y grandes hazañas durante su vida. Zarpó desde Cádiz el 16 de febrero 1815, rumbo las provincias de Nueva Granada, las cuales se encontraban enfrascadas en guerras civiles. Después de repeler algunas de estas y reforzar su ejército, en las diferentes plazas por donde pasaba, llegó a Cartagena de Indias puerta del Virreinato.
Para no caer en el error que años atrás había cometido Vernon, Morillo desembarcó en los alrededores de la plaza, sin que pudieran alcanzarles los proyectiles de las defensas. Cortó el suministro de recursos y ordenó al capitán de la flota naval, Pascual Enrile, el bloqueo marítimo.
En poco tiempo, las tropas españolas, habían sitiado Cartagena y avanzaban recuperando posiciones estratégicas hasta las murallas de la plaza. Dentro de las murallas, a los independentistas, les empezaron a escasear los suministros, las malas condiciones de salubridad mermaron las tropas, que terminaron con todo lo comestible, llegando incluso al canibalismo.
El 5 de diciembre, las tropas españolas ya estaban a las puertas de la plaza y los independentistas no aguantaban más la situación, llevaban 102 días de duro sitio y decidieron abandonar la plaza embarcando en la noche para eludir el bloqueo, no fueron muchos los que sobrevivieron. Este gesto permitió a Morillo entrar en la plaza sin perder muchas unidades para después adentrarse en el Virreinato de Nueva Granada manteniendo las plazas bajo control español hasta 1821.
El comandante Manuel del Castillo fue juzgado por un consejo de guerra y fusilado el 24 de febrero de 1816 en Cartagena de Indias, que quedó arruinada tras el asedio y perdió su papel protagonista dejando de llamarse la "Reina del Caribe".
Conclusiones
Seguro que podéis sacar muchas conclusiones. Los asedios a las ciudades han existido en todas las épocas de la historia bélica, es una forma estratégica de desgaste de tropas y muy efectiva contra fortificaciones. No se ha dejado de usar actualmente, con otros medios y armas más sofisticadas, en realidad los bloqueos económicos a las naciones en cierto modo son parecidos.
En esta ocasión hemos visto como la astucia de los grandes estrategas puede llevar a sus tropas a la victoria y que se puede aprender de los errores de los contrincantes, ya que como hemos dicho, "La historia se repite y debemos aprender de ella".
domingo, 23 de noviembre de 2014
LOS PRIMEROS ESTRATEGAS
Introducción.
Es un gran misterio la evolución humana, de la cual sabemos muchos aspectos de aquellos nuestros antepasados, pero todavía es un misterio que no hubiera ninguna señal evidente de conflictos entre ellos hasta millones de años después de su aparición.
Foto: Abrigo de los Toros del Barranco de las Olivanas (Teruel).
Desarrollo.
Entorno a los datos que los antropólogos manejan sobre el origen de los humanos, existen dos hipótesis. Hipótesis multirregional o poligenismo basada en la aparición de distintas especies de homo, por la mezcla del Homo Sapiens con su antecesor Homo Erectus dando como resultado las diferentes razas, y la teoría desde África o monogenismo basada en la evolucionó solamente en lugar de origen y luego la migración a lo largo y ancho del mundo que conocemos. Los antropólogos se decantan en su mayoría por la segunda teoría.
Según los descubrimientos arqueológicos, ya estaban organizados, usaban armas de fabricación rudimentaria para cazar y mantener sus territorios, desarrollaron la capacidad de realizar tácticas como acorralar a los animales de gran tamaño, preparaban trampas, observaban los movimientos de sus presas para preparar los ataques. También se sabe que los grupos eran de pocos individuos y que solían evitar los enfrentamientos directos con otros grupos o tribus para no perder efectivos.
En su migración hacia el resto del mundo hace unos 90.000 a.C, nuestro personaje, el Homo Sapiens, dependiendo de las teorías que manejan los paleontólogos, ya sea genética o lingüística, explican los distintos movimientos migratorios y las fechas aproximadas, pero todos coinciden que las primeras migraciones fueron hacia Europa Oriental. Desde allí accedió a Europa Occidental, Asia y Oceanía, América en su totalidad llegado a cruzar por el Puente de Beringia (Estrecho de Berin) y por último colonizó el resto del Norte de los continentes después de las últimas glaciaciones.
Todas estas evidencias de sus costumbres y movimiento están en las pinturas rupestres y restos encontrados, pero lo curioso y desconcertante es que no se ha encontrado ninguna evidencia de conflictos entre humanos hasta 50.000 años después de que el Homo Sapiens migraran fuera de África, que según los estudios, en esta época ya podría haber colonizado una gran parte de Asia y Europa.
¿Es posible que el Homo Sapiens no se encontrara con ningún impedimento en su colonización durante 40.000 años?
Los primeros hallazgos de enfrentamientos conocidos, si se puede llamar así, datan de la Cultura Auriñaciense, en torno al 30.000 a.C. Esta cultura se inició en el paleolítico superior, llego a Europa por Oriente desde el exterior y los científicos no se ponen de acuerdo en su origen. Se caracterizaban por la industria laminar, como las puntas de lanza de huesos o piedras afiladas por ambos lados. Su economía estaba basada en la caza, pero lo mas interesante son los hallazgos encontrados en el sur de Europa donde por primera vez se puede observar restos fósiles de individuos con armas incrustadas. Es aquí donde se supone que se produjeron los primeros enfrentamientos entre humanos.
Hasta el Neolítico no se van ha encontrar grandes evidencias arqueológicas de enfrentamientos, el más antiguo datado es el llamado “Cementerio 117”, del 14.400 a.C, situado en el Nilo cerca de la frontera de Egipto y Sudán. En este cementerio se han localizado gran número de cuerpos con evidentes secuelas de una batalla.
Conclusiones.
Este magnífico ejemplar de nuestro antepasado ya había desarrollado las primeras tácticas de combate para sobrevivir en su mundo y colonizar los territorios donde habitaban otros, sería razonable que lo mismo que se han encontrado pinturas en las que podemos observar la forma de caza, se hubiera encontrado alguna donde lucharan por sus intereses coloniales, pero no es así.
Podríamos decir que los primeros estrategas de nuestra civilización ya existían antes de que se produjeran los primeros enfrentamientos que se conocen. Sus técnicas se han usado durante millones de años en todas las épocas de la historia conocida, copiadas, mejoradas, innovadas y perfeccionadas, pero al final se mantiene la raíz que aquellos primeros pobladores, que para sobrevivir en este mundo, aplicaron lo que Sun Tzu escribiría miles de años después en el libro “El Arte de la Guerra”.
“la mejor victoria es vencer sin combatir”, nos dice Sun Tzu, “y esa es la distinción entre el hombre prudente y el ignorante”.
Hasta que se demuestre lo contrario, colonizaron la tierra sin derramar la sangre del prójimo.

